exceSOS
Excesos es un libro que no se parece a los demás. Concebido como un coloreable para adultos, se ofrece a primera vista como un objeto lúdico, pero su verdadera naturaleza es la de un territorio de confrontación. Sus páginas no relajan ni distraen: interpelan, desordenan, desarman.
Cada ejercicio, cada fragmento visual, cada juego con o sin solución funciona como un espejo incómodo. El caos curado que recorre sus páginas no es azaroso: es un método para recordarle al lector que el pensamiento no es lineal ni limpio, sino una acumulación de excesos, de murmullos, de interrupciones que conviven en la mente contemporánea.
El diálogo con Alfredo Jaar es un eje esencial. Allí donde el artista planteaba su célebre pregunta —“¿Es usted feliz?”—, este libro la desplaza hacia un terreno más íntimo y punzante:
“¿Por qué sigues donde mismo si sabes que no eres feliz?”
Ese cambio revela la verdadera apuesta de Excesos: no basta con constatar la infelicidad, hay que confrontar la permanencia en ella. El libro se convierte entonces en un interlocutor severo, que desafía al lector a mirar su propia inercia vital.
Pero Excesos también se entiende mejor como parte de un universo literario en expansión. Su tono, fragmentado y desafiante, dialoga con el poemario La Suspensión del Trance, donde el lenguaje ya había ensayado la fisura y el desgarro como formas de verdad. Al mismo tiempo, aparece como contraparte de SOS, publicado por Editorial Azafrán, un libro fundacional que abrió el territorio narrativo y filosófico del autor. Incluso rescata materiales de los primeros escritos de 2019 reunidos en A Través de Mis Ojos —un libro no publicado hasta ahora—, otorgándoles por primera vez un lugar en el corpus definitivo.
De esta manera, Excesos no es solo un libro en sí mismo, sino también un puente: une los antecedentes de la obra con lo que está por venir. Abre paso a Castigos Medievales y Preguntas Recurrentes, próximos títulos donde la exploración poética y filosófica continuará expandiéndose hacia nuevos territorios del exceso, la memoria y el castigo.
No hay cierre posible para un libro que se funda en el desorden. Lo que queda son las preguntas, los trazos, las fisuras. Lo que queda es el eco de una página que no responde, pero insiste:
¿Por qué sigues donde mismo si sabes que no eres feliz?