El intento
Alma Reyes contempló la pradera que se extendía a su alrededor y
una vez más disfrutó el panorama de ocio feliz que invadía Central Park
los fines de semana. Parejas, familias con hijos grandes y pequeños, grupos de amigos habían venido a distraerse lejos del ruido de las calles agitadas y del calor agobiante que se acumulaba día y noche en sus departamentos. Con el atardecer, el inmenso prado empezaba a vaciarse poco a poco. Había sido un día de gran relajo.