Huechuraba 12 mil años de historia
La comuna de Huechuraba comienza donde la ciudad se encuentra con la montaña. No es solo un punto en el mapa del norte de Santiago; es un lienzo pintado con la crudeza del sol y la promesa del valle.
Por un lado, se alzan los cerros sabios, vestidos con el verde austero del espino (Acacia caven), que han visto siglos de historia y que aún guardan el eco del silencio precolombino, en cuyo interior se encuentran restos de animales prehistóricos y sobre estos se alza el bosque de Santiago, que impidió hace más de un siglo que Santiago fuera un árido lugar.
Por otro, la comuna se extiende con la doble cadencia de la modernidad y la tradición. Conviven las avenidas planificadas, los parques relucientes y los centros de negocios, con los barrios históricos que nacieron del esfuerzo, donde cada casa tiene una historia de llegada y de arraigo inamovible. Aquí, la geografía no es solo un paisaje, es un espejo de la realidad social: lo nuevo y lo antiguo, lo próspero y lo resiliente, coexisten en una tensión que es, a la vez, su mayor desafío y su motor.
A través de la historia hemos sabido que allí vivieron personajes notables como el ex Presidente Pedro Aguirre Cerda. Hoy cada vecino, desde el que mira la cordillera desde una ventana de cristal hasta el que riega su pequeño jardín en un pasaje de tierra, conoce el desafío de crecer bajo la sombra imponente de sus cerros por donde cruzó el Qhapaq Ñan (Camino del Inca). El crecimiento ha sido rápido, a veces desigual, y ha exigido adaptación constante. Pero es precisamente en esa complejidad, en esa necesidad de unificar mundos, donde la comuna ha forjado su carácter.
Cuando parece que las diferencias van a fracturar el tejido social, cuando la urbanización avanza demasiado rápido o cuando la sequía aprieta en el faldeo, emerge una fuerza colectiva que es más fuerte que cualquier contraste. Una declaración silenciosa que se siente en las juntas de vecinos, en la organización comunitaria y en la mirada hacia el cóndor que a veces planea sobre el cerro El Guanaco o sobre cualquiera de los once cerros que existen en su extenso territorio.
Es allí donde reside la convicción de su gente, una voz que resuena con la promesa y la voluntad.
Puede más que sus límites geográficos, más que sus contrastes sociales y más que la etiqueta que se le ponga. Huechuraba es la suma de la resistencia del litre (Lithrea caustica) y los zorros y quiques que se esconden tras árboles centenarios, la autenticidad de sus mercados y la profunda dignidad de sus habitantes. Por eso, sigue creciendo, compleja y auténtica, con la vista puesta en las cumbres y las raíces firmes en la historia.