Levas
Sobre LEVAS, una pulsión ineludible
Su génesis desconoce la noción de embrión obsceno. Se gesta a sí misma en un baile pegajoso de latido y carne, circundando un pulso que nace del hambre y decanta en el celo. Sin embargo, la cultura, en su ranura o grieta infesta le ha erigido su dictamen, propinándole un soplido de moral obscura al sano pulso y primitivo elogio que nos diera la existencia. La leva —su presencia— ha sido velada con un correlato de aguilucho viejo que se burla de la ciencia. Y en el lugar del pálpito ha decorado tabúes como altares de un demonio añejo; en el lugar de la cadencia ha endiosado la mudez; y en el del deseo ha nutrido la vergüenza.
He grabado en mi experiencia cómo el estro de las que nacieron como yo ha sido ilustrado cual problema.
Nombróse peligrosa pulsión, a la que se le otorgó —incluso desde el lenguaje— una definición ambigua, cuyo correlato inevitablemente decanta en la idea de traición.
Este cuadernillo carnoso se ubica en ese pliegue: entre el temblor inexorable y la cultura. No se me dio más que la poesía para transitar los calores que, en su tensión, me acudieron en calidad de hembra: mujer que piensa y retina viva de las levas ajenas. No he pretendido con este trabajo redimir conciencias ni, mucho menos, hacerme cargo de los elementos que articulan el imaginario en torno a la leva. Me convino —o se me dio— asumirla muy temprano como una fuerza que visita inevitablemente y, muchas veces, en los momentos más lúcidos que nos encontremos transitando. La leva, si se quiere, es sublime; y en este lugar se materializa y esparce.