Vencidos y sin patria. El exilio de una joven familia en Venezuela - Parte 2
Limpiando el entendimiento
El exilio en Venezuela representó para Cecilio y Julia, mis padres, un desafío profundo: debían reconstruir sus vidas, tenían que adaptarse a un nuevo entorno y formar a sus dos hijos mientras enfrentaban las dificultades, desafíos y aprendizajes propios de comenzar de nuevo como refugiados políticos.
En Venezuela crecí y me formé como persona. Entre los Valles del Tuy en mi infancia, el centro de Caracas en la pre-adolescencia y el este de Caracas en mi adolescencia y juventud, fui creciendo y me forjé mi propio camino. Yo fui “continuidad de mi niñez que era hija del sudor de los ojos que amé”, como dice la canción de Pablo Milanés, el gran cantautor cubano.
Fui como mis padres quisieron ser pero tratando de ser yo, ni menos mal, pero en verdad, ni menos bien. En Caracas fui a colegios, tuve amigos y fui descrubriendo distintos tipos de personas, de formas de vivir la vida, de maneras de construir un camino al andar para mirar hacia atrás y ver la senda que nunca se ha de volver a pisar pero sin arrepentimiento ni pena.
Caracas fue mi ciudad por muchos años en mi adolescencia y la conocí bien. Tuve amigos muy entrañables y aprendí mucho de ellos y sus familias con sus culturas, prioridades y perspectivas, muchas veces muy distintas a las de mi familia. Eso me permitió comparar opiniones, puntos de vista y perspectivas que me empujaron a investigar y estudiar más muchos temas de la vida, la sociedad y las ideologías políticas.
Con 13 años, viajé a Cuba, la Cuba de Fidel, la Cuba socialista y revolucionaria. A esas edad, mi sueño era estar ahí en Cuba y sentirme partícipe del proceso revolucionario y la construcción del socialismo, de la configuración del “hombre nuevo”. La realidad de Cuba que viví me hizo reflexionar mucho e influyó en mi formación como persona.