De cómo estudié ingeniería mecánica en Venezuela
El exilio de mis padres en Venezuela los forzó a reconstruir sus vidas en Caracas y en los Valles del Tuy. Ellos me formaron a mí y a mi hermana mientras enfrentaban las dificultades, desafíos y aprendizajes propios de comenzar de nuevo como refugiados políticos.
En Venezuela crecí y culminé la secundaria en Caracas. Fui conociendo mejor la ciudad y aprendiendo a quererla. Fui socio del Centro Catalán de Caracas, donde tuve mucha suerte de poder integrarme a la sección tenis y, finalmente, ser socio. El tenis apareció inesperadamente en mi vida, lo abracé con cariño y pasión. Me di cuenta que el tenis es como la vida: No importa lo que te pasó, lo que importa es que vas a hacer ahora que te pasó eso. A todos nos pasa, más o menos, lo mismo, la diferencia está en que hace cada uno de nosotros después de lo que nos pasó.
A los 15 años ya tenía un diploma de estudios secudarios finalizados en Venezuela, pero mi inmadurez era infinita, así que empecé a estudiar la Licenciatura en Matemáticas (matemáticas puras) en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (UCV), en Caracas. Mi idilio con lo más puro de la matemática terminó 2 años y medio después, cuando decidí estudiar, ya más maduro, ingeniería, en la misma UCV. En esa época, inicios de los años 90 del siglo XX, la UCV era víctima de paros, huelgas, violentas protestas estudiantiles infiltradas por encapuchados que violaban la ley y causaban estragos en los accesos de la UCV. La UCV era “autónoma” y eso era como una “licencia” para el caos, la violencia y la protección de grupos de extrema izquierda en ella.
Decidí poner fin a mis estudios en la UCV y presenté la prueba de admisión para entrar en la Universidad Simón Bolívar (USB), de Caracas, ubicada en el Valle de Sartenejas. Fue duro estudiar en la USB y más duro lograr esudiar ingeniería mecánica debido a “traumas” que traía de la secundaria. Abracé el rigor de la exigencia académica de la USB y el compromiso con la excelencia que la USB imponía. Me di cuenta de que la inteligencia no basta para ser exitoso sino que la inteligencia requiere de la disciplina y de la capacidad de organización como las sólidas bases en las que la inteligencia se va blindando hasta convertirse en sabiduría.