Mientras te ibas
Detrás de toda mentira perfecta, hay un cuerpo que supura.
Esta es la historia de los malos. La de los infieles que buscaron en la penetración desesperada un anestésico para el vacío, usando el sexo rabioso como un muro para no escuchar los gritos que venían de la casa propia. Aquí el «te amo» fue la soga y el purgatorio fue nuestro incendio.
No busques una mentira piadosa en estas páginas. Esto no es un romance de librerías; es la anatomía de un colapso. Es el registro crudo de una mujer que se dejó desollar en camas que eran campos de batalla, habitando una placenta de plástico y sumisión que nunca le perteneció, hasta que la decepción infectó el tejido y el tiempo, ese que siempre llega tarde, terminó de enterrar la aguja.
Del fuego del acantilado al cloro del hospital. De la mutilación del recuerdo a la desbridación de la carne viva.