Mis sueños no son más que sueños
Bastián se aproxima trayendo entre sus manos un poemario logrado, sólido, generoso en imágenes delicadas, novedosas, y expresiones certeras. De ellas se vale el hablante para reflexionar acerca de los grandes temas de la poesía universal —el amor, la soledad— pero, sobre todo, para expresar el dolor.
Ahí está justamente lo que más llama la atención en la escritura de Bastián. No es raro que un joven quinceañero se incline por la poesía, tampoco es tan llamativo que aborde temas eternos como la tristeza y la sensación de abandono, pero que al hacerlo alcance el impresionante grado de profundidad que logra este novel poeta, eso es simplemente conmovedor. Así ocurre cuando su pluma gira en torno a cuestiones tan densas como la fe, la angustia existencial, la conciencia de sí mismo, y la condición depredadora del ser humano frente a su propia especie.