La biblioteca hundida
El narrador de La biblioteca hundida es un joven padre divorciado que habita en un campamento de Alto Hospicio, en el norte chileno, donde, junto a su amigo de toda la vida, un narcotraficante que mueve droga entre Chile y Bolivia, monta una biblioteca que sirve como obra social y tapadera de sus negocios non sanctos. El proyecto es un capricho de lo más arbitrario que quiere rendir homenaje a la biblioteca donde la madre del narco, solo identificado como “El Culebra”, aprendió a leer. Ni a él ni a su amigo les interesan demasiado los libros, la lectura o la cultura escrita, pero se comprometen con la creación de la biblioteca porque de esa manera materializan el reconocimiento hacia su lugar de origen y su pertenencia a una comunidad integrada por trabajadores, migrantes, traficantes, yonquis e indigentes.