Costa carmesí
Cuentos novelísticos
Las ideaciones románticas y góticas de Danilo Pérez Romero
Danilo Pérez Romero nace en Temuco un seis de marzo de 1968. Entra joven al ejercicio de cultor, lo hace por la puerta del teatro y de los grupos folclóricos. El salto a la literatura no lo da decisivamente hasta la publicación de Diario de pub y Demases (2020). Desde entonces ha publicado los volúmenes Hospital Psiquiátrico, el Recostar de las Hojas (2022), Nichos Vivientes (2023), Envuélveme (2023), La fuente de Neptuno (2024), Cuentos Mágicos (2024), ¿Quién eres? (2024), Fabuloso (2025) y el cuento infantil ¡Soy capaz para Más! (2025). Se trata de una carrera fecunda en las letras, en la que se ha aventurado a explorar variadas temáticas y formatos.
El libro que ahora nos ocupa es Costa Carmesí, antología de cuentos en la que Pérez Romero aborda las tensiones entre lo real y lo fantástico, entre lo doméstico y lo siniestro. En el relato que da apertura al libro, “Alma no te vayas”, un jubilado logra hacerse de fama y fortuna por los cuadros que pinta, obras maravillosas posibilitadas por la influencia de un espectro femenino, cuya inspiración sobrenatural le es arrebatada de súbito, cuando decide cambiarse de casa. El relato recupera temas del cuento romántico y gótico, en el que la figura de lo sobrenatural se solapa constantemente con la del genio artístico. Se trata de un relato que nos remite de inmediato a “El retrato” (1835) de Nikolái Gógol, clásico de la literatura del ahora desaparecido imperio Ruso.
La casa en la que ocurre este primer relato es, en apariencia, una morada suburbana corriente; sin embargo, hacia el final del cuento, adquiere cualidades de castillo embrujado: se trata de un laberinto en el que el protagonista se deja guiar, entre estrechos pasadizos, por el espectro. Lo extraordinario irrumpe en la narración, dando una doble vida al escenario. El tono romántico reaparece, con otras modulaciones, en “Costa Carmesí”, cuento que da nombre al volumen y que, paradójicamente, se encuentra entre los más breves del conjunto. El relato narra los pensamientos de un suicida que, al borde del mar, reflexiona sobre su infancia. Nuevamente el nexo con el romanticismo y el gótico resulta ineludible: el hombre frente a la naturaleza insondable, la terrible soledad y la ideación suicida como culminación de las más bestiales pasiones, todos motivos que podemos rastrear a obras como la novela Werther (1774) de Johann Wolfgang von Goethe o al archiconocido Frankenstein (1818) de Mary Shelley, recientemente adaptado al cine por el mexicano Guillermo del Toro.
Curioso es el dialogo que mantiene con el relato que lo sucede. En “La casa frente al mar” se nos cuenta la historia de Masiosare Cayustessi, hijo de inmigrantes italianos que se enamora a primera vista del mar, en torno al cual construye toda su existencia. Su vida y la de su esposa e hijos, hasta entonces apacible, se ve perturbada por un intruso inesperado, que entre para robar algo de comida, para luego dejar huellas que concluyen en la costa. De este relato no diseccionamos más nada, ya que parte no menor de su fuerza reside en sus omisiones. Pérez Romero decide que el misterio quede en suspensión, una incertidumbre que obliga al lector a completar su final abierto.
Si hay algo que distingue a esta antología del resto de la producción de su autor, es la sensación de una maquinaria creativa que se posiciona en relación a una tradición. Una voz que, a la usanza de Juan Marino, con sus ahora icónicas narraciones radiales del Doctor Mortis, se aventura a adaptar, recortar, reinventar, en suma, hacer un collage, con los motivos y arquetipos que aterrorizaron hace siglos al viejo continente. Un gesto de relectura y apropiación en el que las convenciones del relato gótico y romántico se desplazan hacia un territorio familiar y librado de toda épica. Una actitud postmoderna, si se quiere, que parece permear a toda una generación de autores de Latinoamérica, donde han proliferado comercial y críticamente autoras como Liliana Colanzi o Mónica Ojeda, que han sido catalogadas por la crítica especializada bajo la etiqueta de gótico andino.
Pérez Romero no llega a los límites socialmente incomodos y a veces contestatarios de las autoras antes nombradas. Sus relatos recuerdan a aquellos que proliferaron a partir de la década de los veinte en el Estados Unidos de la Gran Depresión. Relatos cortos, habitados por monstruos y espectros impresos en papel barato de pulpa de madera. Hablamos del fenómeno del pulp, que en su vertiente de ficción rara, y como no podía ser de otra manera, ya daba continuidad a las atmosferas y criaturas de autores como Edgar Allan Poe, Bram Stoker y, la antes listada, Mary Shelley.
Los personajes de estas páginas enfrentan presencias sobrenaturales, pero también aquello que persiste cuando el tiempo avanza: lo inexplicable, la culpa, el deseo inconcluso, la nostalgia y la pérdida. Lo sobrenatural es un catalizador de experiencias profundamente humanas: la necesidad de perseguir un éxito que en realidad no necesitamos, el miedo a que algo irrumpa en nuestro hogar sin que apenas nos demos cuenta. En ese sentido, los cuentos entre sí son variaciones de una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando la realidad deja de bastarse a sí misma? La respuesta del autor no es definitiva y es esa ocasional ambigüedad en la que encontramos el punto más destacable del libro.
Aquellos que se encuentren familiarizados con la obra del autor, notaran que este libro da continuidad a ¿Quién eres? (2024), donde ya se sumergió en el terror. Sin embargo, Costa Carmesí resulta formalmente más interesante y temáticamente más depurado. Aquí el autor parece haber encontrado una suerte de equilibrio, sus textos adquieren una cohesión temática que convierte a la antología en algo más meditado que una mera muestra de relatos. Una voluntad de unidad sostenida por elementos que se repiten, como el mar o la omnipresente casa.
La presente antología de Danilo Pérez Romero viene a confirmar lo que ya hace rato intuíamos: que su producción prodigiosa no conoce descanso y que la batalla de la literatura también puede librarse a pulso. Nosotros no podemos más que expresar nuestra sincera preocupación: que alguien detenga la pluma de este hombre antes de que se prenda fuego por la fricción.
Wellington Rojas Valdebenito.
Escrito en el valle de Angol, marzo 17, 2026.