Guindo
Los cuentos de "Guindo" escritos por Mario Varas presentan las vulnerabilidades, la precariedad y la violencia cotidiana del campo chileno tras la dictadura. Dan cuenta de las consecuencias de la imposición del neoliberalismo, la represión militar y la reforma agraria en la cotidianeidad del campo chileno, endurecida por la falta de expectativas y la rutina: "El verano era exclusivamente trabajo en la casa: matar un chancho, limpiar siembras, cosechar lo cosechable, bajar nueces, limpiar legumbres, mover los duraznos secos al sol para soñar con huesillos, arar la tierra..." Un ejemplo, el cuento "Potrillo mirando al sudeste" en que el abandono infantil por un padre alcohólico, la pobreza rural y la amistad animal se conjugan para focalizar la mirada de la niñez en un mundo decadente, en que la ternura aún es posible como resistencia.
Así, en "Guindo" la mirada infantil es fundamental, ya sea en "Warlock, el Brujo", en que la violencia familiar se encubre tras las fantasías del niño tras ver una película en VHS; ya sea en "Ñeclas", en que un niño debe hacer ñeclas y diversos productos de madera para sustentar la vida de su padre inválido: en el campo el color de la infancia "no el sepia ni el gris". No obstante, en la vivencia rural, la amistad, los animales y la ingenuidad infantil rompen la rutina de violencia cotidianas y abren un horizonte de esperanza.