Letra chica
Escrito en voz baja e impreso en una letra microscópica, este antilibro prescinde de la encuadernación tradicional para convertirse en un objeto lúdico y subversivo. Heredero de la desconfianza ante el lenguaje verbal que se incubó en la poesía chilena, impone un rito sensorial: abrir la caja, tomar la lupa que está en su interior y acercar la mirada al papel para intentar descifrar la escritura. Un recordatorio de que la poesía rara vez se entrega a simple vista.