Kierkegaard y la muerte ontológica
Desde el desesperado rebelde al caballero de la fe
Kierkegaard sitúa al singular en la angustia que le produce tanto la conciencia como la necesidad autoconciencia, o sea, la conciencia del yo mismo. El yo no tiene más remedio, para ser propiamente yo, que enfrentarse al abismo inconmensurable de su propia conciencia. Frente a esto, solo tiene dos opciones: actuar desesperado o esperanzado. Retroceder, es decir, ignorar la conciencia de sí mismo, no es alternativa.
Juan Diego Labrin nos lleva a pensar en la posibilidad de la dicotomía extrema del yo. Para poder sobrellevar la angustia existencial de la autoconciencia, primero debemos sumirnos en ella por completo y arrastrarla hasta sus últimas consecuencias por la vía de la desesperación. Solo de esta manera, el desesperado puede encontrar tanto aquello que más ansía (el yo mismo) como el halo de luz que lo llevará a la esperanza, a convertirse propiamente en el caballero de la fe. Solo mediante la muerte ontológica -la conciencia, en grado sumo, del yo mismo y de su fundamento- es que el desesperado puede comenzar a transitar la vía de la esperanza frente a la angustia existencial.
Nuestra intención es adentrarnos en el pensamiento de Søren Kierkegaard, un recorrido íntimo dentro de la personalidad curiosa y la mente rumiante y ardorosa del filósofo danés. Nos proponemos una travesía arriesgada —a manera de ensayo— dentro del laberinto existencial y crítico que Søren presenta no como un artificio racional y abstracto, sino como la necesidad que cada persona tiene por encontrarse a sí misma. Dicho itinerario no deja indiferente a quien siquiera se haya asomado a él por curiosidad, pues tan incipiente interés —para Kierkegaard— puede resultar en la odisea de toda una vida que se juega ella misma en la conciencia que en ella vamos tomando de cada uno de nosotros.