El día que murió la clase política
La marea no tiene líderes. Tiene millones
El mundo entero llega, casi al mismo tiempo, al mismo límite: hospitales sin insumos mientras los ministros inauguran clínicas privadas, guerras que ya nadie recuerda por qué empezaron, patentes de inventos que podrían salvar vidas compradas y enterradas por conveniencia. Nadie lo planeó. Pero cuando una enfermera en Lagos escribe un mensaje cansado a un grupo de WhatsApp, algo se enciende en cien ciudades a la vez. Lo que empieza como marchas aisladas se convierte, semana a semana, en la mayor movilización de la historia — sin líderes, sin partido, sin bandera. Los gobiernos caen, uno por uno, de izquierda y de derecha. Pero derribar el sistema viejo resulta ser la parte fácil.