Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas
«Dirás que no digo yo sé que no digo», escribe Nadia Prado en un breve poema que señala la tensión con el significado que enfrenta Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas. En este libro, el paisaje se abre y se descascara; el viento duda y escribe con la lluvia sobre las ventanas de un barco que de a poco se hunde en un recuerdo trastocado. El cuerpo asume el trabajo de registrar ante imágenes que se suceden vaporosas y que abrazan por completo su indefinición. Es una niña que alza la vista y encuentra los ojos de su madre, solo para que, en el mismo aliento, desaparezca. Pasado y presente se mezclan y la poeta se proyecta hacia el futuro: «Escribo lo que leeré vieja en invierno / tendida en la cama tibia / quizá no pensaré con nitidez para no dar más dificultad a esos ojos». Ante la disolución del tiempo lineal, la pregunta por quiénes somos es la única constatación de que estamos vivos. «Quien no se debate es un cadáver», escribe Prado, y ese parece el motivo de esta escritura.
A casi dos décadas de su primera edición, Un origen se ha constituido en una obra capital de la poesía chilena reciente, un texto cuya densidad se ofrece generosa a la lectura y que —acompañado aquí de un ensayo inédito— viene a reafirmar el lugar de la incomprensión en la experiencia humana.