Elegiría de nuevo la Tierra
Elegiría de nuevo la Tierra nos invita a explorar la fragilidad de la existencia en un planeta en crisis. Su título está tomado de un verso de los últimos poemas. Cuando llegamos a él, esta afirmación ha cobrado pleno sentido: a pesar de todo, elegiría de nuevo este planeta para vivir. A estas alturas del libro hemos atravesado incendios, derrames de petróleo, la caza de ballenas como alegoría, las hojas que caen y no vemos… y, sin embargo, nos hemos unido en esta elección.
Si bien los poemas no le hacen el quite a la crisis ecológica causada por la acción antrópica, esta convive con escenas cotidianas de la vida humana, como peloteos en la playa o el acto simple de barrer. No obstante, la escritura no ignora ni normaliza la crisis ambiental, sino que la imagina y la describe con giros en los significados, con un tono irónico parriano («Cuando el cielo baja todo lo demás tiende a subir») o con una vuelta de tuerca mordaz.
Un par de poemas antes de elegir de nuevo el planeta, el poeta nos ha preparado una lista de opciones que concluye con: «amo este planeta como quien ama estar de pie». Así, sus imágenes se repiten y metamorfosean con la criatura que estructura el poemario: la ballena. Haciendo guiños a Moby Dick (perseguida, herida, arponeada, crucificada, derretida). Imaginándola como un sol, como globo aerostático. Relacionándola a la fragilidad ecológica del kril antártico, convertida en barbas de corsé, reducida a cacería de instante fotográfico para un like. El cetáceo, como principio y fin («Cuando la ballena nos adoptó como sus hijos»), nos permite, de manera fresca y novedosa, unirnos al hablante en su labor poética como estrategia vital: «¿Y si un poema fuera entonces como una ballena/ que asoma su lomo para que podamos respirar?».