Ciruela verde
Relatos inmaduros caídos del árbol
¿Qué mundo le cabe a la infancia dentro de la literatura actual? En algunos momentos me pregunté por qué las protagonistas más famosas no eran niñas, y por qué hablar de infancia es culturalmente tema de las mujeres, de las madres y de las escritoras. ¿Será que la niñez nos resulta extraviada o que no nos atrevemos a voltear la mirada hacia ese jardín? ¿Será que ya estamos muy lejos del país inventado, que nos han cegado a los recuerdos y es complejo regresar porque nos cubre un manto de niebla?
Tania Villarroel, en este, su primer libro de cuentos –que se lee como una pequeña novela– nos invita a seguir el universo problemático y fascinante de Laura, la protagonista. No se trata de una niña idealizada, sino de alguien que transcurre sus primeros años con el rigor de la vida misma, sobreviviendo a los adultos, a los descuidos y al esquivo amor que la interroga al estilo pizarkniano “ Recuerdo mi niñez/cuando yo era una anciana /Las flores morían en mis manos /porque la danza salvaje de la alegría/les destruía el corazón.”
Laura entre niños y adultos se pasea con curiosidad y astucia, con cariño y desgarro, a fin de poder sembrar que los recuerdos que la crean y conviven con otros, vienen a ser el más puro alimento para la ficción, una ficción llena de elementos maravillosos.
Este libro es un homenaje a la niñez de cualquiera de nosotras, sobrevivientes cotidianas, ansiosas por subir el árbol de la infancia para mirar desde allí nuestra propia soledad. Laura es el hipograma de una Alicia cualquiera que empuja sin cesar su Ciruela verde por la historia.
María Rosa Casanova, poeta