Lugar de cenizas
Dos mujeres. Tal vez no haya dos, sino una sola voz que se multiplica en el delirio. Todo podría ser una gran alucinación errante, una mente frenética que se observa en el abismo.
Leer a Pablo Ayenao es entregarse a un carrusel que remonta su belleza y su crueldad: una road movie se despliega en nuestra cabeza. El tránsito de Noemí y Ruth deviene en un espiral descendente hacia la tragedia, la naturaleza y sus bestias. Por eso, la repetición se vuelve un mantra, una esquirla de ruego y clemencia, un lugar de cenizas.